
Poesía | Ferreira Gullar
"El arte transforma
el dolor en alegría"
Tras más de treinta años de ausencia, el gran poeta
brasileño regresó a Buenos Aires, donde vivió
sus años de exilio y escribió uno de sus poemas más
celebrados. En esta entrevista recuerda aquella época, habla
de su infancia y, aunque se declara optimista, señala la
intolerancia que hay en el mundo
Por Héctor M. Guyot
De la Redacción de LA NACION
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VITAL. A los 78 años, Ferreira Gullar sigue
mirando el mundo con asombro y lucidez
Foto: Martín Acosta |
Era un cónclave de brasileños en
Buenos Aires. Corría el año 1975, y muchos presentes
se habían exiliado de su país, gobernado por los militares
de la Alianza Renovadora Nacional. Entre ellos, el dueño
de casa, Augusto Boal, dramaturgo y director que impulsaba por entonces
el Teatro del Oprimido, y un poeta de 45 años a quien Vinicius
de Moraes conminó a recitar, para las diez personas allí
reunidas, un largo y afiebrado poema recién escrito que aún
nadie conocía. Esa lectura conmovió tanto a Vinicius
que insistió en hacer una grabación, y así
se llevó el poema y la voz del poeta a Río de Janeiro.
Allí corrieron las copias clandestinas que se compartieron
en reuniones similares, hasta que un valiente decidió editar
el poema y un año después, gracias a su repercusión
en la opinión pública, el poeta decidió volver
a Brasil, donde fue detenido y sometido a un interrogatorio de tres
días. Movilización de intelectuales y amigos mediante,
finalmente recuperó la libertad.
El poeta es Ferreira Gullar, nacido como José Ribamar Ferreira
en São Luís, capital de Maranhão, en 1930.
La llave que lo devolvió a su tierra, Poema sucio (el intento
de rescatar su infancia y de dar testimonio de su paso por el mundo),
resultó la obra más celebrada de quien es hoy el mayor
poeta vivo de Brasil, y sin duda uno de sus escritores más
respetados y queridos.
"Llegué a Buenos Aires desde Chile, después
de la muerte de Allende, justo el día en que Perón
murió y asumía Isabel en el gobierno. Había
un clima muy raro. Yo estaba en la clandestinidad y no podía
irme a Uruguay, Paraguay o Bolivia, porque eran todas dictaduras.
Se sabía que la policía secreta brasileña actuaba
también aquí y empecé a escribir Poema sucio
convencido de que era la última cosa que hacía en
la vida. Quise poner allí todo lo que tenía para decir",
cuenta a adncultura Ferreira Gullar, un hombre flaco y largo de
lacia melena blanca que a los 78 años ríe como un
niño y que pasó de visita por Buenos Aires para presentar
la primera edición argentina de este poema-río escrito
entre mayo y octubre de 1975, en un departamento de la avenida Honorio
Pueyrredón.
Publicado por Corregidor en edición bilingüe al cuidado
de Paloma Vidal y Mario Cámara, con textos críticos
de Davi Arrigucci Jr. y Vinicius de Moraes, Poema sucio fue traducido
por Alfredo Fressia, que volcó en un lenguaje rioplatense
el portugués nordestino de Gullar, en el que laten el sol,
los ríos y la vida de São Luís de Maranhão.
También la traducción es el final de una larga historia:
incansable, Vinicius, después de llevar el poema a Brasil,
volvió a Buenos Aires para hacer una traducción a
muchas manos de la que, además de él mismo y otros
amigos, participaron Eduardo Galeano y Santiago Kovadloff. Aquella
versión iba a ser publicada por Ediciones De la Flor, pero
la iniciativa naufragó cuando el editor Daniel Divinsky partió
hacia el exilio.
Gullar está encantado con el libro, que incluye además
los poemas de En el vértigo del día, otro libro suyo,
en versión de Vidal y Cámara. Pero más lo entusiasma,
parece, el hecho de poder caminar de nuevo por las calles de esta
ciudad a la que nunca regresó desde 1977, y volver a encontrarse
con amigos a los que lleva décadas sin ver. Entre ellos,
el pintor Luis Felipe Noé y su mujer, a quienes solía
frecuentar en esos días en los que sobrevivía, lejos
de su familia, gracias a las clases de portugués que daba,
y en los que se vio envuelto en un éxtasis creativo que nunca
más lo visitó con la misma intensidad. "No tenía
mucho que hacer, salvo cocinarme, y en los meses en que escribí
Poema sucio pasaba las horas en un estado de levitación,
en un viaje, como bajo los efectos de una droga. Escribía
casi sin pensar. Jamás volví a sentir ese estado de
inspiración tan profunda. Cuando me preguntan si soy el poeta
Ferreira Gullar, respondo que sólo a veces. El estado poético
surge inesperadamente y no dura todo el tiempo."
–¿Por qué ese nombre para el poema?
–Sentí que ése debía ser el nombre.
Sólo mucho después descubrí que lo había
elegido porque quería hacer un poema que no tuviera ningún
compromiso con estilos o normas que yo había adoptado antes.
Era estilísticamente sucio. Por otro lado, quería
hablar de todo, sin restricciones, desde mi experiencia sexual hasta
la miseria y el sufrimiento del pueblo brasileño. Como si
hubiera sido el rey Midas, confiaba en que todo lo que tocara se
convertiría en oro.
–¿Cómo era su vida en Buenos Aires
en aquellos años?
–Empecé a crear hábitos. Veía a amigos,
argentinos y brasileños. Caminaba por Corrientes y frecuentaba
sus librerías y sus bares. Recuerdo una vez, era domingo
de Carnaval, y yo, que en Río solía visitar las escolas
do samba, caminaba por la calle Florida con una tristeza sin fin.
Me senté en un bar, al sol. Era difícil saber que
en tu ciudad todo el mundo estaba de fiesta mientras aquí
se vivía la tristeza de un domingo cualquiera. Pero durante
la escritura de Poema sucio estuve concentrado en una tarea que
me daba alegría. Cuando el poeta escribe sobre las cosas
más dolorosas, transforma el sufrimiento en alegría.
El arte tiene esa magia.
–El poema mismo vacila entre el dolor y la alegría.
Pero prevalece la afirmación de la vida. Lo mismo se manifiesta
en la cultura y en la música de su país.
–Es verdad. En las escolas do samba, por ejemplo, la mayoría
no tiene dinero o vive con dificultad, pero a la hora de celebrar
ponen todo lo que tienen y hacen la fiesta. Esa idea de que el pueblo
es triste es falsa. Que la injusticia no debe ser tolerada, sí,
pero la idea de que las personas pobres están desesperadas
y tristes porque son pobres es una ilusión. Ellos quieren
vivir y viven como pueden. Ésa es una lección de vida
y de confianza en la vida. Es curioso: el diario O Globo publicó
la semana pasada una foto mía de 1975, tomada por un amigo
que vino a visitarme a Buenos Aires, y yo me estoy riendo. Mi cara
expresa alegría. Yo mismo me sorprendí de verme así.
–Poema sucio es un rescate salvaje de la infancia.
¿Siempre la llevamos encima?
–Allí comienza todo. Yo soy hijo de São Luís,
una ciudad azul, de luz densa, que extrañé cuando
llegué a Río. Era una ciudad chica, donde en la avenida
se oía el ruido del viento entre los árboles. Ese
ruido, esa música, aquella luz, los bajos adonde iba a pescar
cangrejos, constituyen la materia de lo que soy. Vengo de una familia
pobre y vivía mucho en la calle, vagabundeaba mucho. Mi padre
tenía un pequeño almacén donde vendía
fruta, arroz y cereales. Aún llevo conmigo todas esas imágenes.
Las personas que matan al niño que llevan dentro quedan empobrecidas,
porque es el niño el que sueña, el que no tiene límites
en su afecto, ni juicios o preconceptos.
Interrumpimos la charla en el hotel Wilton y junto con la hija
del poeta, Luciana, nos subimos a un taxi rumbo a San Telmo. Gullar
va a reencontrarse con Luis Felipe Noé. En el camino hablamos
de Caetano Veloso y de Maria Bethânia, que hasta hace poco
abría uno de sus últimos shows, Brasileirinho, con
la imagen filmada de Ferreira Gullar leyendo "O Descobrimento",
un poema de Mário de Andrade. Todos coincidimos en que Bethânia
ha alcanzado una madurez artística extraordinaria. Y Gullar
recuerda que él y su mujer, la actriz Thereza Aragão,
integraban el grupo de artistas e intelectuales que dirigía
el Teatro Opinião cuando, en febrero de 1965, una Maria Bethânia
de 18 años reemplazó a Nara Leão y le dio un
comienzo mítico a su carrera. "Cuando Thereza la vió,
pensó que no podría reemplazar a Nara –cuenta
Gullar–. Pero cambió de opinión apenas la escuchó
cantar." Maria Bethânia ha dicho que Thereza y Gullar
(uno de los autores de aquel espectáculo) están entre
las personas "más lindas" que ha conocido en su
vida.
En la casa de Noé, Gullar se abraza con el pintor y su mujer.
Sentados a la mesa, tras un brindis, rodeados de las obras del artista
que cubren las paredes, empiezan a aflorar los recuerdos. Las cámaras
de Televisión América Latina (TAL), productora de
contenidos para la región que está filmando un documental
sobre el poeta, capturan fragmentos de la conversación. Los
Noé evocan el día que invitaron a Gullar a una casa
que habían alquilado en una isla del Delta. El poeta llegó
antes que ellos, que venían retrasados. Desde la lancha colectiva
lo vieron sentado en el muelle, las piernas largas colgando sobre
el río y la mirada absorta en las aguas. ¿Estaría
buscando allí el río Anil, de São Luís?
¿Estaría viajando por su poema?
Gullar, que ha sido comunista con viaje a la Unión Soviética
incluido, aún cree en alguna forma de utopía. "Yo
soy un optimista profesional –dice–, aunque la situación
del mundo es preocupante. Con el fin del socialismo, se pensó
que llegaría un tiempo más pacífico, sin amenaza
de guerra nuclear, pero es sorprendente la división que hay
en el mundo. El fanatismo, el terrorismo, hombres-bomba que se matan
para matar a otros... ¿Qué se puede hacer contra una
persona que no da importancia a su propia vida? Otro asunto grave
es la droga, que se infiltra en la juventud y es un negocio muy
complicado. Pero hay cosas positivas, como la ciencia y la tecnología.
Voy a decir una locura: tal vez la tecnología resuelva los
problemas del mundo."
–¿De qué manera?
–El capitalismo, que nació del proceso histórico
y es salvaje e injusto como la naturaleza, pero también creativo
como la naturaleza, resulta prácticamente invencible. Lo
que se puede hacer es modificarlo para que sea menos injusto. La
tecnología nos llevará a un punto en que las máquinas
producirán solas a escala gigantesca. Las personas quedarán
desempleadas. No hay trabajo, no hay salario, no hay dinero, no
hay quien compre. Van a tener que entregar la producción
–se ríe por la ocurrencia–. Pero no sé,
yo acostumbro a decir que la sociedad es cuántica y no newtoniana.
–¿En qué sentido?
–La física cuántica se rige por el principio
de la incertidumbre, ésa es su ley básica: la partícula
puede estar aquí o allá, o puede estar y no estar
al mismo tiempo. En la física newtoniana, en cambio, las
cosas ocupan un lugar determinado. Yo creo que la sociedad tiene
una complejidad que excede a la razón. En todo caso, el hombre
tiene que luchar contra el azar. Es Dios o el azar. Y el azar es
una bala perdida que te puede llegar en cuaquier momento.
–¿Usted en qué cree?
–Creo que este mundo no tiene explicación. Yo por
lo menos no puedo explicármelo –dice y levanta los
hombros–. Seguramente Dios no existe. El hombre inventó
a Dios para que Dios lo crease.
Gullar ríe otra vez: un chico que ha cometido una nueva
travesura.
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