
Domingo, 27 de Enero de 2008
Pellet Lastra
A los tiros en la Triple Frontera
Ingredientes de la más variada actualidad conforman un
policial de neto corte cinematográfico.
Por Juan Pablo Bertazza
No va más
Ramiro Pellet Lastra
Corregidor
172 páginas
“Honrarás tus deudas como a tu madre
y a tu padre.” En esa espontánea sentencia que uno
de los personajes de No va más confunde con uno de los
diez mandamientos, puede resumirse la intención de la última
novela policial del periodista Ramiro Pellet Lastra (redactor
de Buenos Aires Herald y La Nación, entre otros medios).
Efectivamente, como sucedía con la Biblia junto al calefón,
No va más se propone hacer de coctelera para mezclar humor
con trama policial, snobismo aburguesadito con códigos
del hampa, vulgata con investigación periodística,
conductas patéticas con arranques heroicos, clichés
con vueltas de tuerca. Todo lo cual se enfatiza aun más
con el narcotráfico y el contrabando del atractivo y siempre
urgente escenario de la Triple Frontera, sus numerosos puentes
y pasajes, las siempre anfibias canciones de cumbia y hasta el
mismo título del libro (hay que decir que su diseño
timbero parece exagerado teniendo en cuenta la incidencia real
del casino en la historia). El resultado es un trago rico, con
espuma y color, aunque un tanto impreciso, como si hubiera hecho
falta batirlo un poco más.
Dos contrabandistas de medio pelo encuentran cerca de Puerto Iguazú
el cadáver de un capomafia y terminan involucrados por
intentar una bravuconada. El caso, que con los dos sospechosos
y todo correspondía al comisario Domínguez, va a
caer en manos de Mario Ferreira, un inspector con algo del Montalbano
de Andrea Camilleri que, lejos de estar avezado en homicidios,
viene del palo antidrogas. A las pocas páginas, esta novela
in crescendo en varios sentidos de la frase, suma dos contadores
y un aparente perejil asesinados de manera idéntica (“una
bala en los huevos, otra en el pecho y otra en la frente”)
y un atractivo triángulo amoroso en el fantasmagórico
pueblo de Montecasino. Sin lugar a dudas, los puntos más
altos de No va más son los diálogos y la confección
de una gama de personajes que también mezcla y corroe prototipos.
Un paradójico prestamista buenazo, un policía corrupto
arrepentido porque “el dinero no es todo”, un periodista
en connivencia con la mafia que se dedica a confundir a la ley,
una femme fatale extremadamente fiel a su amante, un terco pastor
evangelista que dirige la Iglesia de los Justos Pecadores, y una
prostituta histérica vendrían a ser algo así
como la alta gradación alcohólica que vuelve copado
el trago de esta novela.
Y el mayor punto débil del libro tal vez
tenga que ver con la dosificación del enigma. Más
allá de su evidente anclaje cinematográfico –muy
logrado en la mayoría de los episodios de violencia narrados
por Pellet Lastra–, los interrogantes y las perspectivas
del argumento cambian, se complican y postergan tanto que los
cabos sueltos terminan atándose algo artificialmente, y
saber cuál es el enigma se convierte involuntariamente
en parte del enigma.
