Homero Alsina Thevenet
Créditos finales y aplausos.
Era uno de esos periodistas e investigadores con
alumnos en todos los países de habla hispana. Desconozco
su habilidad o no para la docencia. Sí sé que quien
escribe esto y muchos otros, aprendimos de su prosa punzante, democrática,
erudita y accesible a la vez. El estaba para descubrir lo que otros
omitían. Y hacerlo notar con cierta gracia más propia
de un estilo anglosajón que de la verba latinoamericana.
Era uno de esos especimenes sobrevivientes del boom de la literatura
de estas tierras.
Como Guillermo Cabrera Infante, cada libro suyo
fue esperado y estudiado. Su literatura iba más allá
de la mera crítica o historiografía. Cruzaba disciplinas.
Buscaba la polémica no desde la torre de marfil cuyos escalones
gastarían años después los integrantes de una
crítica cinematográfica oscurantista y encriptada.
Conocía la historia y la actualidad del cine mundial, incluyendo
el argentino, que no es el uruguayo, por lo que sus comentarios
acerca de las películas de este lado del Río de la
Plata, tuvieron carácter develador en muchas oportunidades.
Su rigor era parejo con su humor.
Desde las páginas de El País Cultural,
o sus libros como el de las listas negras y censura en Hollywood
o su consultada hasta el hartazgo Cine Sonoro Americano y los Oscars
de Hollywood, obra de gran importancia para la crítica e
investigadores argentinos durante los ochenta, cuando era prácticamente
la única bibliografía disponible en la materia y con
ese agregado “Omisiones de la Academia” que aún
hoy es consultado y dio pie para descubrir o revisar películas
raras o fuera de lo obvio. Y siempre con el título de estreno
en castellano y un comentario breve y clave. Uno de sus últimos
proyectos era una (mega) actualización de esa obra que nos
tuvo a Alejandra Portela y a mí como posibles colaboradores.
No pudo ser. Sí se puede en cambio seguir
aprendiendo, sea uno iniciado o no en la materia, a querer al cine,
a enterarse de otro detalle más hasta ese momento oculto,
a investigar y encontrar nuevas maneras de sentarse a ver una película.
Basta abrir uno de sus libros de cuando en cuando. Es lo que pienso
hacer esta noche antes de ir a dormir.
Raúl Manrupe, Buenos Aires, 12/12/05. |